Ubi autem dicti fori non suffecerint ad naturalem sensum vel aequitatem recurratur:

Principio jurídico del derecho aragonés contenido en el proemio primero de los Fueros aragoneses recopilados en 1247, según el cual cuando el fuero dictado al efecto no sea suficiente para resolver la cuestión o punto debatido, debe recurrirse a la razón natural o equidad, que por consecuencia se reconoce expresamente como fuente del Derecho aragonés y en lugar preferente al de Castilla o al incluido en las leyes castellanas, que era el supletorio en Aragón antes de la publicación del Código civil.

Ubi bene ibi patri:

Donde se está bien, allí está la patria. Se aplica al hombre indiferente y egoísta, para quien el propio bienestar est por encima de todos los sentimientos, e incluso el de la patria.

Ubi eadem est ratio, eadem est o debet esse juris dispositio:

Principio del Derecho cuyo significado es que: donde hay la misma razón, debe ser la misma la disposición del Derecho. Es la expresión del método de aplicación analógica, fundado en que los casos iguales deben ser tratados igualmente. Tiene, sin duda, sus antecedentes en las leyes 12 y 13, título 3ro, libro 1ro., y en la ley 32, título 2do. libro 9no del Digesto, en cuyos comentarios y glosas aparece desde antiguo formulado. Tal principio inspira la regla 36, título 3ro., Partida 7ma.: “Aun dixeron, dice dicha Regla del Código del Rey Sabio, que no se deben fazer las leyes, sinon sobre las cosas que suelen acaescer a menudo. E por ende non ovieron los antiguos cuydados de las fazer sobre las cosas que vinieron pocas veces; porque tuvieron que se podría judgar por otro caso de ley semejante, que se fallese escrito”. El mismo principio ha inspirado algunas sentencias del Tribunal Supremo, en algunos lugares.

Ubi lex non distinguit, nec nos distinguere debemus:

Donde la ley no distingue, nosotros no debemos distinguir. Esta regla de interpretación, continuamente empleada por los Tribunales de Justicia es fundamental en la explicación y sentido de las leyes, y debe observarse rigurosamente, pues constituye, como dice Salvador Viada y Vilaseca (1843-1904), una verdadera arbitrariedad el establecer excepciones cuando la ley habla en términos generales. Las leyes deben ser entendidas o interpretadas derechamente, consignaba la ley 13, de la manera más sana y provechosa, sin extraviar el sentido natural de sus palabras, porque “el saber de las leyes non es tan solamente aprender e decorar las letras dellas, mas el verdadero entendimiento dellas”. Sin embargo, no todos los autores reconocen la importancia y trascendencia que supone esta regla jurídica de interpretación, y así Felipe Sánchez Román (1852-1916), en su obra Estudios de Derecho Civil, al citar, como ejemplo, algunas de las reglas de interpretación de uso más frecuente, entre las cuales se encuentra la que analizamos, dice al efecto: “Las especulaciones de los comentaristas y el uso de las escuelas de Derecho han consagrado una serie de reglas, que, si bien revelan ingenio y ofrecen recursos para los debates académicos y forenses, sin dejar de asentarse en algunos casos en un fondo de innegable verdad, suelen ser entre sí contradictorias, se hallan desposeídas del sello de unidad que preside toda doctrina propiamente científica, y prestan elementos para la defensa de toda clase de causa”.

Ubi non est justitia, ibi non potest esse jus:

Máxima de los filósofos estoicos que fue repetida por Marco Tulio Cicerón (106-43 a.C.) y divulgada en su tratado De Legibus, por lo que algunos la atribuyen a este jurisconsulto romano. Se afirma en ella, literalmente traducida, que “donde no hay justicia, allí no puede haber derecho”, o lo que es lo mismo, que no se concibe la noción ni la posibilidad de existencia del derecho en desacuerdo con la justicia.

Ubi non est lex nec praevaricatio:

Axioma jurídico que significa que: donde no hay ley no hay delincuencia. Esta regla de derecho, determina que una acción, por mala que sea, no puede constituir delito si la ley no la ha definido y penado previamente como tal. Se encuentra recogida en el Código Penal de 1870, al expresar que “en el caso en que un Tribunal tenga conocimiento de algún hecho que estime digno de represión, y que no se halle penado por la ley, se abstendrá de todo procedimiento sobre él, y expondrá al Gobierno las razones que la asistan para creer que debiera ser objeto de sanción penal”. Este principio ha sido proclamado por todas las legislaciones penales de los pueblos civilizados, según anota Alejandro Groizard y Gómez de la Serna (1830-1919), en su obra El Código Penal de 1870 concordado y comentado.

Ubi numerus testium non adjicitur etiam duo sufficiunt; pluribus enim elocutio duorum numero contenta est:

Donde no se expresa el número de testigos bastan dos, sin embargo, porque la alocución plural se halla contenida en el número dos. Esta regla interpretativa para la aplicación de las leyes que exigían en el Derecho romano la concurrencia de testigos sin añadir el número de ellos que era necesario para la eficacia y prueba del acto de que se tratase, fue formulada por el jurisconsulto Domicio Ulpiano (170-223) y comprendida en el Digesto. En opinión de Eduardo Bonnier (1808-1877), en su Tratado Teórico-Legal de las pruebas en el Derecho Civil y Penal, se ha abusado singularmente el texto expresado pretendiendo invocarle con éxito en apoyo de la máxima Testis unus, testis nullus introducida en el Derecho durante la época del Bajo Imperio. Los que así han pensado se fundan en el razonamiento de que “si pueden ser bastantes dos testigos, es que se necesitan por lo menos dos”.

Ubi Petrus, ibi Ecclesia:

Donde est Pedro, allí está la Iglesia. Frase de San Ambrosio (344-397).

Ubi plura nitent, non paucis offendar maculis quos parum cavet humana natura:

Donde brillan muchas bellezas no han de ofender algunas manchas, de las que rara vez escapa la naturaleza humana. Frase de Quinto Horacio Flaco (65-8 a.C.) en su Arte Poética, donde dice que una obra buena no pierde su mérito porque adolezca de alguna falta o lunar.

Ubi pugnantia inter se in testamento juberentur, neutrum ratum est:

Si en un testamento se otorgan disposiciones que pugnan entre sí, no es válida ninguna de ellas. Regla clásica de interpretación de las disposiciones testamentarias que fue formulada por el jurisconsulto Hugo de Celso (siglo XVI). Este criterio hermenéutico se halla perfectamente justificado, puesto que al aplicar un testamento, lo esencial es conocer cuál sea verdaderamente la última voluntad del testador, y ello es imposible en presencia de dos disposiciones o cláusulas que resulten rigurosamente contradictorias, ya por el modo manifiesto en la forma, ya porque el cumplimiento de una de ellas imposibilite en absoluto el cumplimiento de la otra, no habiendo medio, en tal supuesto, de investigar cuál de las dos declaraciones en pugna hubiera preferido el testador que prevaleciese.

Ubi societas, ibi jus:

Donde est la sociedad, allí est el Derecho. Máxima de filosofía jurídica que afirma, por consiguiente, que el Derecho es un elemento sin el cual no es posible la vida social.

Ubi solitudinem faciunt, pacem appellant:

A lo que convierten en desierto, lo llaman morada de la paz. Pasaje de Publio Cornelio Tácito (54-120) en que Galgaco alude a la crueldad y ambición de los romanos, que coloreaban sus devastaciones con el especioso pretexto de civilización. Ubi sunt ergo ii, quos miseros dicis?: Dónde están, pues, los que tu llamas desgraciados?

Ubi verba conjuncta non sunt, sufficit alterutrum esse factum:

Regla del Derecho formulado por el jurisconsulto Julio Paulo (¨ -235 d.C.) y comprendida en la ley 110, del Digesto, según la cual, cuando las palabras no son conjuntas, es suficiente que se haya hecho una de las dos cosas. Resulta este principio de especial aplicación al cumplimiento de las obligaciones alternativas y al de las instituciones condicionales o modales que tengan dicho carácter.

Ubi verba non sunt ambigua non est locus interpretationis:

Significa este principio latino que donde las palabras no son ambiguas, no hay lugar para la interpretación. No es aceptado por todos. La generalidad más bien se inclina a considerar que la interpretación es una función normal de toda ley, sea clara u obscura. Ya lo expresaba así un texto romano muy conocido: Quanvis sit manifestum edictum praetoris attamen non est negligenda interpretatio ejus.

Ubi:

Donde. Este adverbio latino inicia una serie de principios, aforismos y axiomas jurídicos conocidos ya en el Derecho antiguo y que han sido prohijados en el Derecho moderno. A continuación incluimos algunos de los principales ubi:

Ubicumque sit res, pro domino suo clamat:

Dondequiera que se halle o se encuentre una cosa, clama por su dueño. Aforismo jurídico procedente del Derecho romano, que es principio invocado siempre para la reivindicación.

Ubinam gentium sumus?:

En qué país estamos?. Exclamación oratoria de Cicerón en su Catilinaria y que sirve para manifestar el asombro que causa y la reprobación que merece la vista de algo atentatorio a la moral o a las leyes, especialmente cuando se trata de un atropello injustificadamente realizado por la fuerza o por el poder público.

Ubique et idem:

En todas partes el mismo. Frase latina que Luis XIV aplicó al mariscal Enrique de la Tour d’Auvergne, vizconde de Turena (1511-1675), significando que en todas las batallas en que tomó parte salió siempre vencedor.

Ultra modum:

Más allá de la medida.

Ultro citro (o) ultro et citro:

De una y otra parte; recíprocamente.

Una opinión intermedia conjetura que la apelación al pueblo sólo tenía lugar siendo éste convocado por el mismo rey para decidir las cuestiones de competencia entre éste y los Tribunales populares, en virtud de la separación entre los delitos que c

Unde venis aut quo is?:

De dónde vienes o a dónde vas?

Uranismo:

Inversión del sentido genital u homosexualidad. La inversión-perversidad muestra un vicio más que un caso morboso. Se le llama también inversión artificial y seudo inversión. En cambio la inversión verdadera es una forma de degeneración mental. La inversión-perversión se reconoce tanto en el varón como en la mujer. La inversión-perversión en la mujer ofrece la anomalía de carácter congénito en la forma rara de la inversión retardada. Hay inclinación homosexual con repulsión para el sexo opuesto o indiferencia. El carácter congénito del uranismo se señala por su precocidad mucho antes de la edad puber. Una vez llegada ésta se revela ya la anomalía por signos inequívocos, buscando la realización adecuada. El nombre de uranismo ideado por K. Ulrichs, sólo debiera aplicarse a la variedad de inversión-perversión.

Urbem moenibus:

De murallas la ciudad.

Urbem:

Ocupar una ciudad.

Usque adeo, usque adeo dum:

Tan largo tiempo que, tan largamente como para.

Ustrinum:

Era el local destinado a la cremación de los cadáveres en la antigua Roma, costumbre que los romanos tomaron (como muchas otras) de los griegos. Estos, el día décimo después de la muerte quemaban el cuerpo, y para ello se reunía fuera de la ciudad toda la leña que se había cortado durante los nueve días precedentes con tal objeto, y se construía la pira, cuyas dimensiones variaban según la importancia del difunto. La pira de Patroclo tuvo, según Homero, cien pies de largo por otros tantos de ancho. Preparada la pira y al acercarse la hora designada para la cremación, se ponía en movimiento la fúnebre comitiva; los hijos generalmente llevaban los cuerpos de sus padres y de sus madres. Llegados cerca de la pira, los encargados de la cremación examinaban si todo estaba corriente para la ceremonia y, asegurados de ello, los parientes más próximos colocaban el lecho fúnebre sobre la pira, que estaba ricamente adornada con colgaduras y guirnaldas de flores. Mientras todo esto se verificaba, se sacrificaban a los manes del difunto animales, que debían ser completamente puros y de color negro. En seguida se les sacaba la grasa, con la que se untaba el cuerpo del difunto, de la cabeza a los pies, mezclando además con ella aceites olorosos y ricos perfumes. Se colocaba también alrededor del lecho fúnebre vasos llenos de mirra y de aceite y algunas veces de miel y de vino; el vino, por considerársele amigo de los cuerpos muertos, y el aceite, para inflamar y consumir la leña más fácilmente. Se colocaban los cuerpos de las víctimas al lado del difunto, y cuando se trataba de un soberano o de un príncipe, en lugar de animales irracionales se sacrificaban esclavos.

Usufructus:

Usufructo. Derecho de usar de la cosa ajena y aprovecharse de todos sus frutos. Justiniano lo admite en las Instituciones diciendo que es: Jus alienis rebus utendi fruendi; salva rerum substantia (derecho de usar y disfrutar de una cosa ajena sin alterar la sustancia de la misma). Supone, por tanto, una persona que lo tenga por haberse constituido a su favor (usufructuarius, fructuarius); una cosa gravada con el usufructo y que no se destruya por el uso, ya que ha de quedar a salvo su sustancia (res fructuaria), y una persona a quien esta cosa pertenezca (propietarius, dominus propietatis). El derecho del usufructuario comprende el de usar de la cosa agravada (usus, utendi) y el de percibir los frutos (fructus, fruendi), quedándole al propietario solamente la de disponer (abusus, abutendi, nuda proprietas). La facultad de usar no comprende la de disfrutar; pero sí está la de usar por cuanto es necesaria para su ejercicio, de modo que no pueden separase una de otra en el usufructu, ya que si sólo se concediera la de uso no habría usufructo, y conferida la de disfrutar, se entiende otorgada la de usar. El usufructuario debe mantener la cosa en el mismo estado que la recibió (salva rerum substantia), pues no tiene la facultad de disponer.

Usura:

Usura. Interés que se lleva por el dinero o el género en el contrato de mutuo o préstamo. Es una de las denominaciones que se daban al interés en Roma. Etimológicamente se deriva de usu, aunque no sólo en el sentido literal, sino más bien en el sentido de precio del uso. Puede definirse diciendo que es la ganancia que se obtiene prestando mediante justo título, pero que, por ser demasiada, es justa. Esta es la idea exacta; pero como hace notar Antonín López Peláez (1866-1918) en su opúsculo La Lucha contra la Usura, se designa en general con este nombre toda injusticia en cualquier contrato, toda opresión o exacción excesiva del prójimo, aprovechándose de su necesidad para enriquecerse.

Usus:

Modo supletorio de la confarreatio y coemptio. Consistía en una especie de usu-capio de la mujer; pues si ésta permanecía en poder del marido durante un año sin interrupción de tres noches (trinoctio), aun cuando el matrimonio fuera nulo por no haber mediado la confarreatio ni la coemptio, se hacia válido, adquiriendo el marido la manus sobre la mujer. Difería el usus de la usurpación ordinaria en que el primero podía interrumpirse por voluntad de la mujer. Según Cicerón (106-43 a.C.), para que la mujer pudiera casarse por el usus era necesario que hiciese constar su voluntad, por lo que algunos autores creen que sólo se refería a la mujer alieni iuris, ya que tal requisito no sería preciso tratándose de la sui iuris, que era independiente.

Ut ait Cicero:

Como dice Cicerón.

Ut aiunt:

Según dicen.

Ut circumit sol:

Conforme el sol gira; ir de uno a otro, de aquí para allí.

Ut convenerat:

Como se había convenido.

Ut inutiles oppido excedant:

Que los inútiles salgan de la ciudad.

Ut ita dicam:

Por así decirlo.

Ut primum occasio data est:

No bien se presentó la ocasión.

Ut quisque maxime ad se facta refert, ita minime est vir bonus:

Cuanto más un hombre refiere sus hechos así mismo, tanto menos es un hombre de bien.

Ut sementem feceris, ita metes:

Como sembrares, así cosecharás.

Ut solet, ut fieri solet:

Como se acostumbra, como suele hacerse.

Utilitas:

Utilidad.

Utinam ne mortales essemus:

Pluguiera al cielo que no fuésemos mortales.

Utinam neque ipsum neque me paeniteret:

Ojalá no le pesara nada ni a él ni a mí.

Utrum haec vera an falsa sunt?

Es cierto o falso?